¡Logré instalar algo en Ubuntu! Que alguien abra el champagne.
Hey! Ahora escribo en mi nuevo blog, just·leo.
Colmado de un espíritu aventurero y -me atrevo a decir- temerario, resolví dedicarme a la interminable búsqueda -en foros, blogs, comentarios y rejuntes de información varios- a la que me veo sometido cada vez que quiero instalar algo en Linux (Ubuntu).
“¿Pero qué programa será que te cuesta tanto encontrar una forma simple de instalarlo en el grandioso Ubuntu?”
No es nada raro, es un dock para Linux, Kiba-Dock.
“¿Es que acaso no aparece en ‘Añadir y Quitar’?”
No.
“¿No está en Synaptic?”
Nou.
“¿Cómo que no está en Synaptic? No puede ser! El cielo se cae a pedazos! Es el apocalipsis! Solo falta que tengamos novias y hagamos una fiesta de bikinis!”
Eh… si, claro, claro. Sobre lo de Synaptic, creelo, no aparece ahí. Buscando “Kiba” o “dock” no hay resultados. Que quede claro que Synaptic no es el cúralo-todo, arréglalo-todo que muchos creen que es.
“¿Y entonces cómo lo instalaste?”
Estuve leyendo más de media hora un artículo hasta que encontré la solución. En realidad no encontré la solución, sino el programa y las instrucciones para instalarlo.
“Pues ya ves, se te ha presentado un problema y lo has solucionado, nada raro en eso.”
Ajá… sí, salvo que no era mi plan perder 40 minutos de mi vida para instalar un programita en la computadora. Es decir, tuve que seguir un tutorial para instalar un programa. En un punto me dije: “Momento, ¿qué carajo estoy haciendo? Estoy leyendo una guía para instalar un dock. Un dock, por el amor de Dios! Esto es ridículo.”
“¿Qué te pasó?”
Cuando llegué al sitio que me explicaba cómo instalarlo vi que para que Ubuntu descargara el programa debía editar un archivo llamado Sources.list donde agregaría la dirección de los repositorios donde ese programa está y desde donde se descargaría, o eso entendí. Primer problema: el archivo es de sólo lectura y no se puede guardar ningún cambio a menos que seas el usuario de mayor jerarquía, root.
“¿Cómo hiciste el cambio en sources.list entonces?”
Descubrí que para editarlo debía usar Terminal, porque desde la interfaz gráfica no hay opción para hacerlo, porque como de costumbre nadie se tomó el trabajo de pensar un método sencillo. Me imagino que el criterio debe ser “hey, si se puede hacer desde Terminal, se puede hacer, no jodan, usen eso.”
Intuitivo. Amigable. Sencillo. Fácil. Simple. ¿A alguien más le suenan esos términos o soy solo yo?
En fin, en Terminal usé el mágico “sudo” (¿”traspiro” es lo mismo?) para editar el archivo. Se abrió un editor de texto y el botón de guardar estaba activado, así que agregué la dirección del repositorio y guardé.
“Bien, luego lo instalaste y listo.”
Seeh, pero la diversión no terminó ahí. Para instalarlo debí ejecutar una serie de críticos códigos en Terminal, por supuesto, no voy a pretender que alguien se digne a hacer un instalador gráfico, faltaría más. Encontré algunos errores omitidos y otras delicias que no entendí porque no soy programador y no pretendo serlo, y finalmente cuando terminé la guía paso a paso, vi que en Aplicaciones > Accesorios estaba Kiba-Dock. Lo ejecuté y arrancó sin problemas.
“Pan comido.”
En realidad no. Tuve que (1) buscar si existía el programa fuera de Synaptic o Agregar y quitar (2) buscar una guía que me explicara cómo instalarlo (3) aprender cómo cambiar el permiso como root de un archivo y agregarle repositorios (4) escribir códigos raros en Terminal.
“¿Qué hubieras preferido?”
Una forma más sencilla. Si no está de moda usar instaladores, bueno, asegúrense que el programa aparezca si lo busco en Synaptic o en Agregar y quitar. Si lo descargo, asegúrense de que lo que descargué es un paquete o un ejecutable, no un archivo tar.gz que no tengo idea de cómo compilar. Que el sistema se de cuenta que cuando le doy doble click a esa clase de cosas, quiero ejecutar e instalar el programa, y no ponerme a hurgar en el contenido a ver qué tiene.
Lo más importante es esto: dejar de lado la noción de que para hacer algo, cualquier cosa, hace falta Terminal. No puede ser que haya cosas tan simples que no sean accesibles desde ventanas, menúes, paneles, botones, prefencias y otros controles gráficos. Si siguen con la línea de comando como la única forma de hacer todo, nunca van a cumplir la meta auto impuesta de ser un competidor real de Windows.
A pesar del tono cínico que me caracteriza, mi molestia es real y mi deseo de que Ubuntu sea mejor lo es también. Por eso escribo esto, y no lo hago para ofender a los linuxeros, lo hago para que consideren aunque sea la posiblidad de que hay mejores formas en que pueden atraer más gente a utilizar el sistema operativo y están perdiendo el tiempo agregando funcionalidad nueva cuando se descuida la facilidad de uso de lo que ya está hecho. (Concretamente me refiero al descuido y desinterés que se muestra por la interfaz gráfica.)
Cuando para instalar un dock en Ubuntu debo hacer todo lo mencionado en los párrafos anteriores, mientras que n Windows solo tengo que bajarlo, ejecutarlo, seguir el asistente y utilizarlo, es evidente que algo anda mal.
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You’re currently reading “¡Logré instalar algo en Ubuntu! Que alguien abra el champagne.,” an entry on Leonardo Damián
- Published:
- 10.10.07 / 8pm
- Category:
- linux+ubuntu, opinión
- Tags:
- instalando software en linux, linux, sarcasmo, ubuntu
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